Tantas cosas me llevaron a odiarte y otras tantas a quererte, que años en los que caminamos juntos, con nuestras manos heladas, sin mirar nada más que el frente, a veces el suelo. Según tu me admirabas, según yo lo pasabas bien conmigo, algo de mi te divertía, quizás ser el niño rebelde que nunca he sido o quizás la forma en que te tomaba y te decía te amo. El camino a tu ciudad se hacía eterno, imagina un camino eterno con mariposas en cada parte del cuerpo, para luego llegar y sentir ese repelente, ese químico de fumigación y hacerlas desaparecer, junto con un sueño, el de verte nuevamente. Sabias muy bien como matar el momento y como llevar el control de tu vida, y la mía. –Ven a verme- me decías y a mi llegada me pedías que me fuera y te entendía, ahora no entiendo porque. Eras linda, guapa, pero aprendí que no servía que tu cara me quisiera, ni tu cuerpo, ni tus manos. Eras todo lo que yo quería, eres todo lo que odié.
Cristo no muere
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Cada día, una y otra vez, en cualquier parte del mundo, lo volvemos a
matar. Cada día, una y otra vez, cada minuto El muere. El muere y resucita
al instant...
Hace 4 meses


1 han comentado:
waoooo!
me fascino
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